Porque tan fácil es hablar, usar palabras correctamente acomodadas y cuyo significado nos puede o no, ser particularmente conocido. Como sea... Ya no quiero palabras bonitas, ni de esas que llenan de sentido la virtud. Prefiero el silencio, la ausencia. La nada. Prefiero eso, a un te quiero no sincero, a una caricia no grata. Prefiero un NO QUIERO a un… SI QUIERES.
Quiero que me quieras, si eso es lo que quieres.
